Una vida, un propósito: servir a Dios

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Susana nos mira a todos desde el cielo; ese cielo tan celeste, tan profundo, cielo de los mil universos. Ella nos abraza con sus manos, esas manos tan suaves; manos de esposa fiel, manos de madre protectora, manos de incansable compañera de mil batallas. Susana acaricia los frutos de su esfuerzo, ve la cosecha de su siembra; preciosa siembra a través de los tiempos y sus bendiciones, a través de las largas noches y sus caprichos. 
Ella sabe de recuerdos, sabe de sienes cansadas, transpiradas, sabe de semblantes inquebrantables. 
Ella lo sabe. 
Ella lo sabe mejor que nosotros.
Susana va más allá de un recuerdo. 
Susana va más allá de mil honores. 
Susana va más allá de cualquier palabra.
Susana sembró amor. 
Susana sembró palabras de bendición, esperanza, días, noches, fríos y calores.
Sembró tiempo, comprensión, misericordia, dio más de lo que tuvo, mucho más allá de sus posibilidades. 
Curó heridas y alivió dolores. 
Rió con los que rieron y lloró con los que estuvieron tristes.
Susana nació un 23 de noviembre. Y a partir de ese día hizo todo lo que dice más arriba. 
Y nunca dejó de hacerlo. 
Y cuando finalmente sembró todo aquello que pudo, y no tuvo más que dar, sembró su propia vida. Un 23 de noviembre como hoy, y en memoria de ella, nosotros escribimos estas sencillas líneas.
Y mientras lo hacemos disfrutamos, día por día, cada una de las bendiciones que fueron por causa de su incansable y abundante siembra. 

***

Susana Eva Protasowicki de Belart nació el 23 de noviembre de 1955 en la ciudad de Córdoba, Argentina. Desde muy temprana edad comenzó a servir a Dios, dedicando su vida plenamente a la obra de nuestro Señor. Es así, que siendo sólo una adolescente, empezó trabajando con los niños, colaborando como maestra de escuela dominical; y más tarde, en los comienzos de su juventud, ayudando con el trabajo juvenil de la iglesia.

A los dieciocho años de edad se casó con Carlos Alberto Belart, por entonces un joven suboficial de la Fuerza Aérea Argentina, también comprometido con el servicio a Dios. El trabajo pastoral y la marcha de la iglesia comenzaron a crecer a pasos agigantados, demandando cada vez más tiempo. Mientras el pastor Carlos Belart se dedicaba de lleno al trabajo de la iglesia, su esposa se transformaba en un pilar fundamental de la familia, llevando adelante una próspera empresa textil. El tiempo pasó, y la bendición de Dios estuvo siempre sobre sus vidas y ministerio. Fue entonces que el Señor llamó a su sierva para dedicarse tiempo completo en la iglesia. Junto a su esposo dedicó todos los días de su vida a extender el Reino de Dios sobre la Argentina y resto del mundo, con tenacidad y constancia, con pasión y devoción, de manera incansable y con gran ímpetu.

Juan Carlos, Marcela Ruth y Jesica Elizabeth son sus tres hijos. 
Susana Belart durmió con el Señor el 11 de enero de 2007. No decimos adiós... sólo hasta pronto.

***
Su huella

Aunque con un dolor profundo en el corazón podemos decirte “Gracias Señor por su vida”. Gracias por cada uno de los días que nos la regalaste. Por los maravillosos años que pudimos pasar juntos. Por todas las cosas que aprendimos con ella y de ella.
Un ejemplo como madre, no solo para nosotros, sino para todos sus hijos espirituales.
Su gran pasión… Sin duda… que Córdoba sea para Cristo. Y del Córdoba al mundo, porque si hay algo que sabía hacer, era pensar en grande. 
Un corazón ampliamente generoso la caracterizaba. Ayudaba a todo aquel que venía con una necesidad, aun mas allá de sus fuerzas.

Abnegación, garra, denuedo, integridad, sacrificio, generosidad; todos estos son adjetivos que ilustran su personalidad. Aunque simplemente, la podríamos describir como una trabajadora incansable para llevar adelante el reino de Dios brindando hasta lo más integro de su vida. Sin lugar a dudas, una gran mujer.
Queda en nuestro espíritu las palabras de una de las últimas conferencias que compartió para las mujeres en donde contó su testimonio y como el Señor la había guiado para bendecir a otros, en ese momento su reflexión final fue: “siembra tu vida en alguien, deja una huella en otros”. Esto es lo que llevamos de ti para siempre en nuestras mentes y corazones. Tú huella en nuestras vidas. Una huella de líder y de mamá. 
Su vida transformó la nuestra y la de muchos más. Lo único que nos queda por decir es: Hasta pronto, te amamos por siempre. 
Hasta que despunte el alba y huyan las sombras.

Juan Carlos, Marcela y Jesica

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